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martes, 9 de julio de 2013

La Mujer Musulmana y... la Importancia del #Hiyab - #Ramadan2013




*Cuando uno se casa con una mujer sólo por su belleza, Allah hace que su belleza sea la destrucción para él.
*Cuando uno se casa con una mujer por su riqueza, Allah hace que su riqueza sea la destrucción para él.
*Cuando uno se casa con una mujer por su posición social, Allah hace que su posición social sea la destrucción para él.
*Cuando uno se casa con una mujer por su religión, entonces Allah hace que las tres queden abarcadas: su belleza, su riqueza y su posición social.

Por Mahdi Mehrizi

Es necesario que una mujer que adhiere a los principios del Islam siga el código de vestimenta denominado “hiyab”. Sus otras denominaciones son velo, pardah (cubierta, barrera) o sólo cubierta. 
Es un acto de fe y establece una vida musulmana de honor, respeto y dignidad. El hiyab es visto como una liberación para la mujer, ya que la cubierta le da un aura de respeto y la mujer es reconocida como individuo admirado por su inteligencia y personalidad. No son juzgadas por su belleza o la carencia de ella y no son tratadas como objetos sexuales. El hiyab actúa como una “barrera” entre una mujer y el sexo opuesto, aunque mantiene su feminidad, no exhibe ni expone su sexualidad.

Cuando una mujer sigue al verdadero Islam, es libre de ser quien desea desde su interior y se expresa en su ambiente, a la vez que queda garantizado ser inmune a ser vista como un símbolo sexual y ser deseada. El Islam exalta el estatus de una mujer ordenando que goce de los mismos derechos que los hombres en todo. Ella se posiciona de igual a igual con el hombre y ambos comparten los mismos derechos y obligaciones mutuos en todos los aspectos de la vida.
- El Islam cree que una mujer ha de ser juzgada por su carácter y sus acciones antes que por su apariencia o sus características físicas.
El Santo Corán nos enseña que lo único que hace mejor a una persona que otra es su carácter. En el mundo occidental, el hiyab ha simbolizado silencio forzado o militancia desmesurada. En realidad ¡no es ninguno de ambos! Es simplemente la afirmación de una mujer que el juicio sobre su apariencia física no tiene papel alguno en su interacción social. Cuando se cubre, se coloca a un nivel superior ya que su hiyab simboliza una religión y como resultado, los hombres andarán con pies de plomo al tratarla y la mirarán con respeto. Será notada por su intelecto, fe y personalidad, en lugar de serlo por su físico y sexualidad.
- Una musulmana puede usar lo que le plazca en presencia de su esposo y familiares –padres, tíos, abuelos, hermanos, sobrinos, suegra e hijos- y entre otras mujeres. Pero cuando sale o se halle frente a hombres extraños (distintos de los antes mencionados), debe practicar el hiyab cubriéndose el cabello y todas las partes del cuerpo y no revelar su figura.
No podemos dejar de comentar acerca de este tema  los efectos de las tendencias occidentales sobre las jóvenes musulmanas. Las jóvenes que viven en Occidente están siendo influenciadas de manera alarmante por su contexto, la presión de los pares e irónicamente por algunos ulemas que pretenden ser chiitas pero distorsionan sus verdaderas enseñanzas confirmando que tales atuendos cumplen con el código de vestimenta islámica.
- Por favor, nótese que los vaqueros, pantalones y otras reveladoras indumentarias ajustadas no constituyen el hiyab islámico, y que tampoco Nike o Tommy Hilfiger son hiyabs de tendencia, como tampoco indumentaria apretada y de colores brillantes y atractivos.
De hecho, son una mala excusa y un a tergiversación del hiyab. La idea de un código de vestimenta islámica es abstenerse de exhibir algo que sea embellecedor –usar maquillaje y vestirse inapropiadamente desafía el objetivo del hiyab. No se puede cambiar, modificar o mejorar el hiyab islámico a menos que sea por uno mejor y más estricto. El Islam tiene una guía clara para el requerimiento mínimo del hiyab de una mujer:
- Sólo se puede mostrar la cara, las manos hasta la muñeca y las plantas. Si una mujer tiene un rostro hermoso de modo seductor, no puede mostrarlo a hombres extraños. ¡Es así! Podéis estar de acuerdo y hacer todo lo mejor por seguirlo o estar en desacuerdo y quedarse a la zaga en este mundo y mucho más en el próximo – como la palabra “Islam” claramente establece “sumisión” a vuestro Creador y todas las reglas del Islam.

¡La práctica de un código de vestimenta islámica es un gran contraste comparada con la moda occidental que cada año evoluciona hacia la producción intencional de atuendos cada vez más seductores y reveladores que cada vez exponen más una nueva parte del cuerpo a la mirada pública! La intención de cada vestido occidental es exponer la figura y exhibir a su propietaria mientras que la intención de la vestimenta musulmana es dignificar a su propietaria y ocultar y cubrir su cuerpo, al menos del público. Una mujer en el Islam está considerada tan valiosa y preciosa como una joya y por lo tanto debe ser mantenida como tal- a salvo. Una mujer musulmana no siente la presión de ser hermosa o atractiva. No tiene que vivir a la altura de las expectativas de lo que es deseable y lo que no. No se preocupa de la belleza superficial para el público. 
Su principal meta es su belleza interior – no tiene que usar sus encantos y antecedentes vitales para progresar u obtener reconocimiento en la sociedad.


Otro beneficio del hiyab es la protección
- Los musulmanes creen que cuando una mujer exhibe su belleza, se degrada porque se vuelve un objeto de deseo sexual y por ende, vulnerable a los hombres que la mirarían como una “gratificación para sus deseos sexuales.” El hiyab la hace ver como a una dama que pertenece a la casta de mujeres modestas y mientras ella se conduzca de manera acorde, los hombres trasgresores y sensuales la reconocerán como tal y no se atreverán a molestarla con jugarretas.

Cuando un hombre recibe señales confusas acerca de la manera en que una mujer revela su cuerpo, puede ser confundido a creer que ella desea sus avances. El hiyab resuelve el problema del acoso sexual y los avances sexuales indeseados, que son sumamente degradantes para las mujeres. De acuerdo al Corán, los mismos elevados estándares de conducta moral son exigidos tanto para los hombres como para las mujeres. El islam también manda el comportamiento adecuado y el código de vestimenta para los hombres. Ellos también deben vestirse modestamente y si mandamiento especial es bajar sus ojos y no mirar descaradamente a las mujeres.

miércoles, 19 de junio de 2013

Comprendiendo el Feminismo Islámico: Una Lucha por la Justicia Social de Género


Las Feministas islámicas abrazamos nuestra fe, para hacer una feroz defensa de las reformas legislativas e interpretaciones religiosas que reflejan una comprensión más equitativa y en concordancia con las bases del Corán, del papel de la mujer en la sociedad.
Un argumento que prevalece entre muchos grupos, incluyendo a las feministas, académicos y la prensa, insiste en que los sistemas jurídicos de desigualdades de género en Oriente Medio, se basan con los preceptos del Islam. Realmente, lo que se llama tan fácilmente “La Ley islámica” incluye muchos sistemas de justicia y constituciones diversas en el Medio Oriente, ya que estos códigos legales y las leyes constitucionales suelen engranarse con una ley civil del modelo europeo con los principios de la sharia. Por ejemplo: Las leyes que eximen o reducen el castigo de un hombre que asesine bajo la figura de “emoción violenta” provienen del código napoléonico; al igual que aquellas que permiten “subsanar” el delito de violación mediante el matrimonio con la víctima, norma que en Chile, dejó de ser vigente sólo durante el siglo 20.
Indiscutiblemente, muchos de los sistemas legales de los países de mayoría musulmana, no están a la altura de las garantías reconocidas a nivel internacional en contra de la discriminación de la mujer, como se indica por las Naciones Unidas y otras organizaciones que promuevan los derechos humanos a través de marcos legales internacionales.
Uno de los principios de la sharia, qiwama o la autoridad del hombre sobre la mujer, se cita como marco subyacente detrás de esta legislación desigual. El derecho de familia y el código de estatuto persona, son a menudo los más demostrativo de estos desequilibrios.
Al mismo tiempo, hay quienes sostenemos lo contrario: que el Islam no es la raíz de la desigualdad de género. Nos llamamos feministas islámicas, y abogamos por leyes progresista y los derechos de las mujeres.
La discriminación es siempre interseccional y ejercida por personas hacia personas. Por lo tanto, en lugar de señalar al Islam como la raíz intrínseca de la discriminación femenina, las feministas islámicas identificamos actores estatales o las élites y sus líderes como los culpables de manipula el Islam para sus propios fines políticos, lo que, a menudo, oprime a grandes segmentos de la sociedad, incluidas las mujeres, en el proceso.
La Fe Como Base del Activismo
Las Feministas islámicas abrazamos nuestra para hacer una feroz defensa de las reformas legislativas e interpretaciones que reflejan una comprensión más moderna del papel de la mujer en la sociedad. No buscamos eliminar el Islam en el ámbito civil, porque creemos que reconocer a las mujeres como sujetos espirituales, capaces de empoderarse en asuntos teológicos y religiosos, es uno de los ámbitos en los cuales podemos y tenemos una voz.
El machismo no tiene religión y se sirve de todas, por lo tanto, la emancipación de las mujeres pasa por re-apropiarse de los espacios en los cuales se nos ha relegado a la categoría de objetos. Como dice Ziba Mir- Hosseini
“Los estudios feministas en el Islam como en cualquier otra tradición religiosa tiene mucho que ofrecer tanto a la comprensión de la religión y la búsqueda de la justicia. Las mujeres que defienden el feminismo islámico afirman que los principios de la sharia como qiwama pueden tener varias interpretaciones diferentes, pero en la historia, las élites masculinas han utilizado e interpretado la ley y hecho una perversión de la justicia para sus propios fines “
La ley islámica se remonta al Profeta Mohammed luego de su llegada a Medina en torno a 622 DC. Desde la muerte del Profeta, la interpretación autorizada en base al razonamiento personal o Itjihad, de textos como el Corán y las palabras del Profeta contenidas en la Sunna o Tradición, ha sido el método para el desarrollo de la ley islámica. Esto ha dado a luz a cuatro escuelas principales de pensamiento sobre la ley islámica en la tradición suníta – Maliki, Hanafi, Shafi’i, y Hanbali – , así como una corriente de interpretación en la tradición chiíta.
¿Cómo es que las feministas islámicas buscamos las reformas ? Pues bien, a través de una variedad de vías, incluyendo los códigos legales, la política, el activismo, la legislación y los sistemas de justicia, trabajando para denunciar las barreras contra la discriminación femenina en las mezquitas y lugares de reunión. Por ejemplo:
Musawah, es una organización de mujeres activistas musulmanas por la justicia de género, con sede en Malasia. Parte de su trabajo es la promoción de interpretaciones de las escuelas jurídicas de pensamiento más favorables a los derechos de la mujer.
Femin Ijtihad, por su parte, es un colectivo dedicado al análisis de las sentencias judiciales de tribunales de países de mayoría islámica, desde una perspectiva de género, identificando en que medida convergen los preceptos religiosos y la influencia europea en los ordenamientos jurídicos en las leyes que dan origen a dichas sentencias.
Memes Feministas Islámicos es una iniciativa en las redes sociales, administrado por una comunidad de mujeres musulmanas que, usando el sarcasmo, visibilizan las estrategias de discriminación del Patriarcado en el Islam a todo nivel.
Un ejemplo de lo que se intenta poner en marcha en algunos países de Oriente Medio, es una ley federal que exige que la edad mínima de matrimonio para una mujer, por lo que un juez más tradicional se verá limitado de ejercer su propio juicio que permite a una chica excesivamente joven casarse.
Los Obstáculos Desde El Feminismo
Las Feministas islámicas trabajamos en conjunto con nuestras homólogas seculares  en la crítica de los códigos legales vigentes, en especial  los de familia y los códigos de estatuto personal sobre la ley de divorcio, la herencia y la custodia de los hijos en toda la región del Oriente Medio.
Esta aproximación al feminismo es desafiada de muchas maneras por sus críticos, incluyendo otras feministas. Una de las demandas, es que el feminismo islámico y sus intentos de reconciliar el Islam y el feminismo, le resta valor a un movimiento feminista más grande y diluye la capacidad de efectuar cambios con mayor éxito y rapidez.
Sin embargo, otra prominente estudiosa feminista islámica, Leila Ahmed, ha explicado que
“las feministas de cualquier religión o antecedentes religiosos siempre han ferozmente debatido las principales fuentes de la opresión de las mujeres. ¿Es el patriarcado, la religión, el racismo, el imperialismo, la opresión de clase, o alguna mezcla muy tóxica y letal de todos ellos? Las feministas también han variado tanto en las soluciones,como en la definición de quienes tienen que liderar primero para liberar a las mujeres “.
A muchos musulmanes les desagrada la palabra feminismo, ya que les recuerda los abusos de un cierto feminismo agresivo, al cual la feminista Mary Nash define como “la imposición de un imperialismo cultural en la proyección de un feminismo proyectado desde un canon universalista de signo blanco occidental”. La mirada occidental con respecto al feminismo esta teñida por preconceptos etnocéntricos, colonialistas. Este discurso feminista occidental coincide con el orientalismo, en su definición del Islam como una religión esencialmente machista, una religión patriarcal que no puede dejar de serlo, una religión cerrada y definida por los peores rasgos del atraso y del oscurantismo.
Por tanto, para “liberar a las mujeres” hay que “arrancarles el velo”, hay que desarraigarlas de sus tradiciones. Frente a este feminismo occidental agresivo, existe un movimiento de mujeres que reivindica la posibilidad de realizar la liberación de la mujer musulmana en el marco del Islam.
Fatima Mernissi explica esta falta de sororidad y equidad, cuando dice:
“Si uno se pregunta, por qué una feminista americana o francesa cree que yo no estoy tan preparada como ella para reconocer los esquemas de degradación patriarcal, se descubre que esto la coloca en una posición de poder: ella es la líder y yo la seguidora. Ella, que quiere cambiar el sistema para que la situación de la mujer sea más igualitaria, a pesar de ello (muy en el fondo de su legado ideológico subliminal) retiene el instinto distorsionador, racista e imperialista de los hombres occidentales. Incluso ante una mujer árabe con cualificaciones, conocimientos y experiencias similares a las suyas, ella reproduce inconscientemente los esquemas coloniales de supremacía.”
Nuestro movimiento postula que el Islam genuino contiene importantes elementos de liberación, y propone la recuperación de estos como marco de la emancipación de la mujer musulmana. En el caso particular de la lucha ideológica y activista de las mujeres dentro del mundo islámico, no dejan de tomar en cuenta las interpretaciones coránicas, ya que sostenemos que buena parte de la opresión que sufren las mujeres en el mundo islámico no es responsabilidad de las escrituras del Corán, sino de sus interpretaciones.
Consideramos que se ha producido una degradación de la tradición islámica y una tergiversación de los textos sagrados, que ha tenido como resultado la actual estructura patriarcal que domina en los países de mayoría musulmana.
Feminismo Para Tod@s
Es clara la necesidad de “abrir el feminismo” y romper con una jerarquía de feminismos que dificulta la acción conjunta entre mujeres de diferentes realidades, una necesidad a la que hacen referencia Lena de Botton, Lídia Puigvert y Fátima Taleb con las siguientes palabras:
“El feminismo ha de partir de las capacidades que tenemos las mujeres para transformar las prácticas y relaciones de género, para que éstas sean más igualitarias. Es necesario confiar en la capacidad de las mujeres musulmanas para constituirse en agentes, seres capaces de lenguaje y acción, para reflexionar sobre su propia realidad y actuar en consecuencia. En el feminismo, quitarle la voz a estas mujeres es poco funcional, pues hace que no aprovechemos un enorme potencial de propuestas que pueden ser de gran provecho para todas”.
La invitación del Feminismo Islámico es a una Yihad de género: A una lucha conjunta de las mujeres, por las mujeres y con las mujeres; es unllamado al Tawhid, a la unidad en la diversidad, a un movimiento integrado, dondetodas las partes tengan igual importancia y sean fundamentales para el cumplimiento deun objetivo trascendental para la humanidad; cual es, la emancipación de la mujer y eltérmino de nuestra opresión por el hecho de ser tales; la unidad es el destino de lacreación y del movimiento feminista ya que, como dijo el Sabio Musulmán Rumi :”las lámparas son diferentes , pero la luz es la misma

lunes, 17 de junio de 2013

Capitalismo y género


Porque cosificar el género es también una paliza. Mediante el trato a las mujeres como objetos de exhibición y satisfacción, a todas se nos hacen moretones en los ojos y en los brazos, nos sangra la nariz y nos atraviesa un puñal por todo el cuerpo, mientras se nos prende fuego la ropa, pegada a la piel, y nos volvemos esclavas sexuales.
Hace algunas noches, en esa franja horaria en la cual la televisión de aire que llega al interior del país muestra siempre lo mismo, un instante me bastó para comprender muchas de las cosas que nos esclavizan como género. La “diva argentina”, mediocre hasta la médula pero con asumida coherencia entre lo que piensa y dice, Susana Giménez, le preguntaba a una invitada —que desconozco— si “ella le había hecho algo para que su marido le pegue”. Aguardé unos segundos con la mirada pegada a la pantalla esperando una respuesta con contenido, algo que dejara expuesto el machismo global que en ese preciso momento afloraba desde la conductora de uno de los programas con mayor cantidad de televidentes en nuestro país. La víctima sonrío con complicidad, ambas rieron y pasaron a otro tema, al tiempo que yo dejaba de lado el televisor, decepcionada e indignada.

Los tiempos cambiaron, dicen algunas y algunos, y eso es cierto. La violencia sexista ya no se queda puertas adentro de la casa, silenciada y oprimiendo a las mujeres en la cocina y en la cama. Ahora trasciende esa barrera y, si bien son muchas las que por ciertos avances se animan a denunciar y a condenar a sus victimarios, se instala en los medios de comunicación.

Porque cosificar el género es también una paliza. Mediante el trato a las mujeres como objetos de exhibición y satisfacción, a todas se nos hacen moretones en los ojos y en los brazos, nos sangra la nariz y nos atraviesa un puñal por todo el cuerpo, mientras se nos prende fuego la ropa, pegada a la piel, y nos volvemos esclavas sexuales.

La principal causa de muertes en nuestro género a partir de los quince años de edad, a nivel mundial, no es el cáncer: son los femicidios. Y las campañas a favor de los mismos se gestan en un mensaje subjetivo de misoginia que va filtrándose en las consciencias de las y los televidentes, entre otros.

Así, cada vez que vemos a determinadas mujeres —que, además, se prestan a ello porque ya tienen instalada en su cerebro la idea de que no son más que eso— expuestas como mercancías, estamos aceptando que todas somos un artefacto de placer sensorial. De la misma manera sucede con los medios de comunicación “serios” en los cuales se abordan las temáticas de género con una superficialidad que da pena, sumada a la poca importancia con la cual se las trata. Y mejor no hablar del resto de los programas de entretenimiento, como el mencionado al inicio, donde directamente hacen explícita su postura pro violencia machista.

Las publicidades, fundamentalmente, se ocupan de la parte de cosificar fuera de lo que apunta al placer sexual, quizá por ello con un menor grado de culpa, pero con igual impacto para quienes las consumen. La mujer que siempre aparece como el ama de casa que está limpiando y descubriendo un nuevo producto de limpieza, cocinando y descubriendo nuevos condimentos, criando bebés y descubriendo las ventajas de nuevos pañales, etcétera. Un objeto de reproducción y de crianza, con exclusividad, al cual se le adiciona el servicio de belleza —extraída de los parámetros establecidos por los mismos medios— las veinticuatro horas del día. Aquí puede sumarse la negativa al aborto por parte de los grupos a los cuales les conviene que sigamos siendo fábricas de personas.

Ante todo esto, las mujeres somos uno de los blancos más fáciles del sistema capitalista. Somos consumidoras y somos consumibles, según las premisas de los estudios de mercado. Si por fuera de lo que implica la publicidad de un producto o servicio los medios arman, sostienen, defienden y magnifican cierto prototipo de mujer, ese es el válido y el que estandariza todo lo demás. La mujer influenciada por los estereotipos de belleza externos, busca comprar todas las cremas, cosméticos y prendas que le prometen que lucirá como una de las muñecas de exposición de Tinelli. Por otra parte, ella es la tentación para que el hombre consuma otro tipo de productos, desde los que lo embellecerán para conquistarla hasta aquellos que le prometen que funcionarán como anzuelo para obtenerlas—como autos, perfumes, maquinitas de afeitar—. 

Esto último como condimento mucho más dramático aún, ya que trabaja sobre la premisa de que mientras más lujos posea un caballero, más posibilidades tendrá de “obtener” una dama (o lo que vulgarmente se conoce como “billetera mata galán”). Es decir que, para ese segmento, las mujeres se consiguen con dinero, somos comprables, el afrodisíaco es lo material y, mientras más costoso es, más efectivo resulta.

 Esto necesariamente lleva a la idea de pago por compañía o, con mayor frialdad, prostitución. La prostitución como ejercicio que priva de la libertad a las mujeres —esto es, la trata de persona y las inmensas redes que se mueven a nivel mundial para satisfacción del género opuesto— se ve beneficiada por todos estos conceptos. Muchas chicas siguen desapareciendo como si un ovni las hubiera raptado, pero con el único fin de alimentar el mercado de consumo de vidas.

Finalmente, con escasa ropa, las esposas puestas —pero flojas, para que después podamos limpiar— y el útero bien predispuesto, podemos ocupar un buen lugar en una sociedad que saca a relucir términos peyorativos cada vez que queremos defendernos de estos incesables ataques sexistas. No vaya a ser cosa que estropeemos el mercado entrometiéndonos en campañas de marketing que no nos competen, aunque sean también de nuestro género quienes las diseñan.


Fuente:Soledad Arrieta