lunes, 3 de junio de 2013

Lenguaje sexista, desigualdad de género

Lenguaje sexista, desigualdad de género



Lenguaje sexista son los rasgos relacionados con los prejuicios culturales de género, esto es, derivados del machismo, de la misoginia, de la misandria, o de un real o aparente desprecio a los valores femeninos.
El lenguaje sexista se refiere a la discriminación de personas, que se manifiesta en el lenguaje, de un sexo por considerarlo inferior a otro. Ésto se da en dos sentidos: por un lado, en lo que concierne a la identidad sexual de quien habla y por otro en lo que se refiere al tratamiento discriminatorio que sufren las mujeres en el discurso ya sea por el término utilizado o por la manera de construir la frase.
En idiomas como el español el género gramatical tiene por forma no marcada el masculino de los sustantivos y adjetivos, de forma que pasa a ser el género masculino el inclusivo o incluyente frente al femenino marcado, que pasa a ser el género exclusivo o excluyente: "Los alumnos de esta clase" incluye a hombres y mujeres, pero "las alumnas de esta clase" excluye a los varones.
Por otra parte el femenino suele tener connotaciones semánticas despectivas en español (oposición zorro / zorrahombre público / mujer públicaser un gallo / ser una gallina) o de cosificación y pasividad (impresor / impresora). Estas diferencias se perciben también a nivel léxico (algo es "cojonudo" si es bueno, un "coñazo" si es malo, o en algunos países de Latinoamérica guevón, sinónimo de torpeza y cuquito, sinónimo de tierno) y existe tendencia a identificar lo masculino con manifestaciones de voluntad o de violencia. Si los hombres ocupan una posición de autoridad, se les nombra con el apellido, pero a las mujeres se prefiere tratarlas con el nombre de pila.
El sexismo en la denominación de títulos oficiales, profesiones, cargos u oficios, se puede corregir a través de diversos procesos de Feminización. Uno de estos procesos es el legislativo. A título de ejemplo, en España se dictó la Orden Ministerial de 22 de marzo de 1995, por la que se adecua la denominación de títulos académicos oficiales a la condición femenina o masculina de quienes los obtengan.
Tradicionalmente el lenguaje ha reflejado como un espejo los prejuicios cognitivos de la cosmovisión asumida por una sociedad, ayudando a instaurarlos y perpetuarlos. Lo más corriente entre las culturas hispánicas es la minusvaloración de la mujer. El Refranero, por ejemplo, es un amplio repertorio de reflexiones misóginas que se han perpetuado por la vía del pareado gnómico: "La mujer, la pierna quebrada y en casa"; "llantos no se han de creer / de viejo, niño y mujer"; "Llora como mujer, lo que no has defendido como hombre".


Formas de evitar el lenguaje sexista 
La corriente que sostiene que el lenguaje sexista abusa del masculino genérico, considera que se puede evitar esto usando las siguientes fórmulas:
·        Nombres colectivos (profesorado, en vez de los profesores, alumnado,en vez de alumnos...)
·        Perífrasis (la persona interesada, en vez del interesado)
·        Construcciones metonímicas (la juventud, en vez de los jóvenes)
·        Desdoblamientos (Señores y señoras, niños y niñas)
·        Uso de barras (Sr/a)
·        Omisión de determinantes o empleo de determinantes sin marca de género (cada contribuyente en lugar de los contribuyentes)
·        Uso de formas personales genéricas o formas no personales de los verbos ("es preciso atender más" por "es preciso que el alumno atienda más").

"El Índice de Desigualdad de Género (IDG) refleja la desventaja de las mujeres en tres dimensiones, a saber, salud reproductiva, empoderamiento y mercado laboral, para tantos países como datos de calidad razonable se dispongan. El índice muestra la pérdida de desarrollo humano causada por la desigual existente entre los logros de mujeres y varones en estas dimensiones".

Observamos como la sociedad actual tiende a rechazar o desconfiar del feminismo actual por considerarlo radical, sin embargo reconoce la existencia de la desigualdad. ¿Cómo puede ocurrir esto? Porque los hechos y estadísticas se presentan como evidentes y unívocos (que no lo son), luego no pueden ser negados; pero la teoría que explica por qué se re/produce la desigualdad o brecha de género se les escapa, por abstracta, porque el neoliberalismo y la postmodernidad nos venden una libertad real que nos hacen creer que somos quienes queremos ser, que  todas nuestras decisiones son actos libres y voluntarios, que nuestra existencia no depende nada más que de nosotrxs, cada unx, libre, que...; pues no. Somos, todxs, mucho más tontxs y menos libres de lo que creemos ser, mucho, todxs, y quien escribe primero.


Lo importante no es la libertad, concepto perverso que se impone emocionalmente sobre todo nuestro juicio; no, lo importante es la dignidad, y el reconocimiento. No es posible ser libre sin un pacto de defina la libertad; pero no puede firmarse ningún pacto sin dignidad ni reconocimiento. Luego, ¡no te dejes engañar por el espejismo de la igualdad! Es sólo una falsa libertad mal entendida, pues sin dignidad, sin reconocimiento... NO PUEDE HABER LIBERTAD.

(Gracias a cenicientas30tv.blogspot.com.es )